Los “residuos orgánicos” no se encuentran definidos en las normas legales, reglamentarias y regulatorias que conforman el régimen de los servicios públicos domiciliarios. La carne de un animal muerto entra en un rápido proceso de descomposición, a menos que se realice un manejo adecuado de la cadena de frío, y si ello no ocurre, la carne es descompuesta por los microorganismos que actúan para degradarla, siendo por tanto un residuo orgánico biodegradable.